
Luego que dos estudiantes fueran asesinados por compañeros en los últimos 15 días y que varias docentes fuesen atacadas por alumnos en distintas partes del país, se ha instalado en la opinión pública la sensación de que la escuela se encuentra en una crisis terminal.
Una encuesta realizada recientemente por el ministerio de educación muestra que sobre un total de 60.000 estudiantes relevados, un 70 % ha sido testigo de agresiones físicas entre compañeros y casi un 20% vieron a un par llevar armas blancas a un establecimiento educativo.
Pero, ¿qué es lo que se esconde detrás de estas cifras?, ¿es la violencia escolar un hecho aislado o sólo otro escenario donde se manifiestan los síntomas de una Argentina enferma?.
La realidad muestra que la violencia no posee contratos de exclusividad y que no se circunscribe a determinados ámbitos de la sociedad. Sangrientos enfrentamientos se suceden cada fin de semana en las canchas de fútbol, las protestas sociales son cada vez más violentas y hasta el tránsito se torna violento con picadas ilegales que cuestan la vida de centenares anualmente.
Teniendo en cuenta estos detalles la violencia escolar adquiere cierta “lógica”. Los niños y adolescentes no pueden permanecer ajenos e inmunes al caos que los rodea, no se puede pretender que la escuela que sea una pacífica burbuja aislada de la sociedad.
En algunos casos, los propios medios de comunicación son culpables de fomentar la violencia. Desde algunos programas televisivos y sobre todo desde el cine, se difunden estereotipos violentos y exitosos, como si para triunfar en la vida habría que imponerse a los golpes.
Después de los últimos hechos de violencia, Mariano Narodowski, Ministro de educación porteño señaló a Clarín: “Cuando un maestro dice no, es no, y debemos apoyarlo porque ese no permite a niños y adolescentes construir en forma autónoma su noción de lo que está bien y lo que no”.
Pero en esta imposición de la palabra docente que propone el ministro también hay violencia. Es necesario fomentar en los niños un espíritu crítico, capacitarlos para que puedan discutir y argumentar cuando no estén de acuerdo con determinadas ideas.
En la juventud se encuentran las bases de nuestro futuro como país. La violencia escolar debe ser encarada con la seriedad y el compromiso que amerita. Los encargados de buscar soluciones deben tener bien en claro que no se trata sólo de un problema de comportamiento sino de una crisis mucho más grave que afecta a toda la sociedad.
Una encuesta realizada recientemente por el ministerio de educación muestra que sobre un total de 60.000 estudiantes relevados, un 70 % ha sido testigo de agresiones físicas entre compañeros y casi un 20% vieron a un par llevar armas blancas a un establecimiento educativo.
Pero, ¿qué es lo que se esconde detrás de estas cifras?, ¿es la violencia escolar un hecho aislado o sólo otro escenario donde se manifiestan los síntomas de una Argentina enferma?.
La realidad muestra que la violencia no posee contratos de exclusividad y que no se circunscribe a determinados ámbitos de la sociedad. Sangrientos enfrentamientos se suceden cada fin de semana en las canchas de fútbol, las protestas sociales son cada vez más violentas y hasta el tránsito se torna violento con picadas ilegales que cuestan la vida de centenares anualmente.
Teniendo en cuenta estos detalles la violencia escolar adquiere cierta “lógica”. Los niños y adolescentes no pueden permanecer ajenos e inmunes al caos que los rodea, no se puede pretender que la escuela que sea una pacífica burbuja aislada de la sociedad.
En algunos casos, los propios medios de comunicación son culpables de fomentar la violencia. Desde algunos programas televisivos y sobre todo desde el cine, se difunden estereotipos violentos y exitosos, como si para triunfar en la vida habría que imponerse a los golpes.
Después de los últimos hechos de violencia, Mariano Narodowski, Ministro de educación porteño señaló a Clarín: “Cuando un maestro dice no, es no, y debemos apoyarlo porque ese no permite a niños y adolescentes construir en forma autónoma su noción de lo que está bien y lo que no”.
Pero en esta imposición de la palabra docente que propone el ministro también hay violencia. Es necesario fomentar en los niños un espíritu crítico, capacitarlos para que puedan discutir y argumentar cuando no estén de acuerdo con determinadas ideas.
En la juventud se encuentran las bases de nuestro futuro como país. La violencia escolar debe ser encarada con la seriedad y el compromiso que amerita. Los encargados de buscar soluciones deben tener bien en claro que no se trata sólo de un problema de comportamiento sino de una crisis mucho más grave que afecta a toda la sociedad.
2 comentarios:
Puse link en mi blog. Un abrazo.
Muy buen texto. Igual creo que la sociedad está bastante enferma, y que hay un problema de límites desde la familia... No hablo solamente decir que no, si no, de hablar, consensuar, pero también de exigir.
Saludos!
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