Cuando las agitadas aguas que habían dejado las crisis que afectaron al país parecían aquietarse, oscuras nubes vuelven a aparecer en el horizonte de los argentinos.
El paro rural que desde hace más de 20 días viene azotando a la república Argentina, es una clara muestra de que cambian los conflictos y cambian los responsables, pero el damnificado sigue siendo el mismo: el pueblo.
A la hora de analizar la situación con cierto detenimiento, es difícil tomar una posición a favor de uno u otro (campo o gobierno) pues ambos sólo exponen verdades a medias y visiones profundamente parciales.
En primer lugar, los dirigentes agropecuarios se quejan por las altas retenciones que aplica el gobierno, pero vale la pena aclarar que el Banco Central sostiene un precio ficticio del dólar (alrededor de los $3,20) con las divisas provenientes de dichas retenciones. Si estas se eliminaran y a su vez el B.C.R.A. dejara de intervenir, el dólar rondaría los $2,30 por lo que las ganancias para el productor agropecuario serían prácticamente las mismas.
Por otra parte, desde el Estado se afirma que una de la razones que motiva el aumento de las retenciones es detener el proceso de sojización que afecta al campo. Si tal fuera el principal motivo el descuento sólo se aplicaría a dicho cultivo, pero detrás del discurso oficial se esconden objetivos fiscales.
Es por eso que la única salida a este conflicto está en el diálogo, pero un diálogo sincero desde ambas partes en el que se aclare con certeza cuales son las causas, las pretenciones y las posibles salidas que vislumbran cada uno.
Es necesario el rápido abandono de posturas intransigentes. El campo debe terminar con el paro que tanto daño hace a los argentinos y, a su vez, un buen gesto por parte del gobierno sería coparticipar parte de las retenciones para que vuelvan a los productores en forma de mejora de caminos y subvenciones.
Es hora de madurar como Nación, de dejar de lado intereses sectoriales que solamente profundizan las grietas y de empezar a tomar decisiones con una visión global, con una visión de país.

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